lunes, 4 de agosto de 2014

Levantando los ojos al cielo...


Hoy, el Evangelio toca nuestros “bolsillos mentales”... Por esto, como en tiempos de Jesús, pueden aparecer las voces de los prudentes para sopesar si vale la pena tal asunto. Los discípulos, al ver que se hacía tarde y que no sabían cómo atender a aquel gentío reunido en torno a Jesús, encuentran una salida airosa: «Que vayan a los pueblos y se compren comida» (Mt 14,15). Poco se esperaban que su Maestro y Señor les fuera a romper este razonamiento tan prudente, diciéndoles: «Dadles vosotros de comer» (Mt 14,16).

Un dicho popular dice: «Quien deja a Dios fuera de sus cuentas, no sabe contar». Y es cierto, los discípulos —nosotros tampoco— no sabemos contar, porque olvidamos frecuentemente el sumando de mayor importancia: Dios mismo entre nosotros.

Los discípulos realizaron bien las cuentas; contaron con exactitud el número de panes y de peces, pero al dividirlos mentalmente entre tanta gente, les salía casi un cero periódico; por eso optaron por el realismo prudente: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces» (Mt 14,17). ¡No se percatan de que tienen a Jesús —verdadero Dios y verdadero hombre— entre ellos!

Parafraseando a san Josemaría, no nos iría mal recordar aquí que: «En las empresas de apostolado, está bien —es un deber— que consideres tus medios terrenos (2 + 2 = 4), pero no olvides ¡nunca! que has de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 + 2...». El optimismo cristiano no se fundamenta en la ausencia de dificultades, de resistencias y de errores personales, sino en Dios que nos dice: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

Sería bueno que tú y yo, ante las dificultades, antes de dar una sentencia de muerte a la audacia y al optimismo del espíritu cristiano, contemos con Dios. Ojalá que podamos decir con san Francisco aquella genial oración: «Allí donde haya odio que yo ponga amor»; es decir, allí donde no salgan las cuentas, que cuente con Dios.

domingo, 3 de agosto de 2014

4 Agosto: S. JUAN MARÍA VIANNEY, EL SANTO CURA DE ARS

SAN JUAN MARÍA VIANNEY, EL SANTO CURA DE ARS


Su fiesta se celebra el 4 de Agosto
San Juan María Vianney, Cura de Ars
 
 
 
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S. Juan Mª: ruega por todos nosotros.

DECÁLOGO DEL VERANEANTE CATÓLICO

El decálogo del veraneante católico

 

Dios no se toma vacaciones en su búsqueda del hombre...

1.- Vive la naturaleza
En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. Alábale por haberla hecho tan hermosa.

2.- Vive tu nombre y condición de cristiano
No te avergüences en verano de ser cristiano. Falsearías tu identidad.

3.- Vive el domingo
En vacaciones, el domingo sigue siendo el día del Señor y Dios no se va de vacaciones. Acude a la Eucaristía dominical. Tienes además más tiempo libre.

4.- Vive la familia
Dialoga, juega, goza con ellos sin prisas. Reza en familia. Asiste al templo también con ellos.

5.- Vive la vida
La vida es el gran don de Dios. No hagas peligrar tu propia vida y evita riesgos a la vida de los demás.

6.- Vive la amistad
Desde la escucha, la confianza, la ayuda, el diálogo, el enriquecimiento y el respecto a la dignidad sagrada de las demás personas.

7.- Vive la justicia
No esperes que todo te lo den hecho. Otros trabajan para que tú tengas vacaciones. Ellos también tienen sus derechos. Respétales y respeta sus bienes.

8.- Vive la verdad
Evita la hipocresía, la mentira, la crítica, la presunción engañosa e interesada o la vanagloria.

9.- Vive la limpieza de corazón
Supera la codicia, el egoísmo y el hedonismo. Vacación no equivale a permisividad.

10.- Vive la solidaridad
No lo quieras todo para ti. Piensa en quienes no tienen vacaciones, porque ni siquiera tienen el pan de cada día. La caridad tampoco toma vacaciones.

En verano seguimos siendo cristianos
En fin, estos diez mandamientos se vuelven a encerrar en dos: seguir dando «al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios», o dicho de otro modo, en vacaciones y en todo tiempo, sigue acordándote de Dios y del prójimo, relacionándote con ellos como si ellos se relacionarán contigo.

Dios no se toma vacaciones en su búsqueda de amor al hombre. Las vacaciones pueden ser tiempo excepcional para salir a su encuentro. Y es que en verano, seguimos siendo cristianos. Es más, tenemos una magnífica oportunidad de serlo y de demostrarlo.
Autor del texto: Obispo de Tortosa (España), Monseñor Javier Salinas Viñals.
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viernes, 1 de agosto de 2014

UN GRAN DESEO DE SER SANTO... S. Alfonso Mª Ligorio


HOY, S. ALFONSO Mª DE LIGORIO

San Alfonso Mª de Ligorio, ruega por nosotros.

¿NO ES ÉSTE EL HIJO DEL CARPINTERO?


A veces me pregunto qué haríamos nosotros hoy si alguien a quien  tenemos identificado despuntara como Jesús. Sus paisanos “desconfiaban de él” tan solo porque no respondía al patrón que ellos tenían y aunque vieron los milagros que había hecho y se daban cuenta de que tenía una sabiduría especial. Para ellos tenía más fuerza que solo era el hijo del carpintero el hijo de María y comenzando por sus pariente
     Jesús nota su desprecio, su desconfianza, su falta de fe: “Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta”. Y, “porque les faltaba fe, no pudo hacer allí muchos milagros”. Lo que había hecho, en otros sitios, teniendo signos liberadores, gestos de curación, palabras de compasión y de cercanía. con enfermos, con quien llevaba una vida un tanto inhumana con los pecadores. Pero qué tristeza, con sus paisanos, con los que tenía más cerca, con los que tenían la posibilidad y la obligación de conocerle mejor, oh paradoja, les faltó fe y no lo reconocieron. ¡Uf, que no nos pase!.
     Creer o no creer, fe o no tener fe. Preguntémonos constantemente, ¿en qué bando estamos o creemos estar? Y no me refiero si ponemos la x o no en la declaración en si nos declaramos católicos o no, sino si creemos o no creemos de verdad, si Jesús puede hoy decir de mi que tengo fe o que me falta Fe,
     Creo que más que una declaración de lo que uno es o deja de ser, es un modo de pensar, un estilo de vivir, un modo de comportarse y en concreto, de amar según Jesús y las actitudes y valores evangélicos que él vivió y practicó.
     ¿Qué extraño, o no lo es tanto? Jesús recibió la peor acogida entre los que se creían más cercanos a él, y más cerca de Dios.
Esto nos interpela hoy particularmente a nosotros que también creemos conocer quién es Jesús, qué es Jesús, de quién fue Hijo e, incluso, quién fue y es María, su madre. Llevemos cuidado estemos espabilados, no caigamos en una confusión. El siempre es más.

cursillosdecristiandad.es

Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio


Hoy, como ayer, hablar de Dios a quienes nos conocen desde siempre resulta difícil. En el caso de Jesús, san Juan Crisóstomo comenta: «Los de Nazaret se admiran de Él, pero esta admiración no les lleva a creer, sino a sentir envidia, es como si dijeran: ‘¿Por qué Él y no yo?’». Jesús conocía bien a aquellos que en vez de escucharle se escandalizaban de Él. Eran parientes, amigos, vecinos a quienes apreciaba, pero justamente a ellos no les podrá hacer llegar su mensaje de salvación.

Nosotros —que no podemos hacer milagros ni tenemos la santidad de Cristo— no provocaremos envidias (aun cuando en ocasiones pueda suceder si realmente nos esforzamos por vivir cristianamente). Sea como sea, nos encontraremos a menudo, como Jesús, con que aquellos a quienes más amamos o apreciamos son quienes menos nos escuchan. En este sentido, debemos tener presente, también, que se ven más los defectos que las virtudes y que aquellos a quienes hemos tenido a nuestro lado durante años pueden decir interiormente: —Tú que hacías (o haces) esto o aquello, ¿qué me vas a enseñar a mí?

Predicar o hablar de Dios entre la gente de nuestro pueblo o familia es difícil pero necesario. Hace falta decir que Jesús cuando va a su casa está precedido por la fama de sus milagros y de su palabra. Quizás nosotros también necesitaremos, un poco, establecer una cierta fama de santidad fuera (y dentro) de casa antes de “predicar” a los de casa.

San Juan Crisóstomo añade en su comentario: «Fíjate, te lo ruego, en la amabilidad del Maestro: no les castiga por no escucharle, sino que dice con dulzura: ‘Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio’ (Mt 13,57)». Es evidente que Jesús se iría triste de allí, pero continuaría rogando para que su palabra salvadora fuera bien recibida en su pueblo. Y nosotros (que nada habremos de perdonar o pasar por alto), lo mismo tendremos que orar para que la palabra de Jesús llegue a aquellos a quienes amamos, pero que no quieren escucharnos.

evangeli.net