A las 4:45 PM, por Bruno Moreno
InfoCatólica.
Categorías : Liturgia
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Es una oración que todo el mundo debería rezar y meditar a menudo. Por si acaso puede ayudar a alguien a aprender sus versos, he compuesto una sencillísima melodía para ellos, que puede repetirse una y otra vez hasta que uno se empape bien de su esencia.
El Anima Christi nos ayuda a detenernos en la contemplación del más hermoso de los hombres y así re-centrar nuestra existencia. Todo lo que va mal en nuestra vida proviene de haber colocado en su centro a mil y un ídolos, que nos esclavizan, porque estamos hechos para que nuestro centro sea Jesucristo y no podemos ser felices si no lo es. El combate diario del cristiano consiste, simplemente, en luchar por arrancar del corazón los mil y un ídolos a los que nos apegamos y volver a colocarlo en Dios.
Otra razón por la que la oración resulta escandalosa es porque constituye una muestra de fe en la Encarnación. Desde que existe el cristianismo, los hombres han intentado aguar la fe cristiana en la Encarnación, haciéndola más fácil de aceptar, convirtiéndola en una metáfora, en algo abstracto, en una forma de hablar… cualquier cosa menos el terrible y maravilloso Misterio que es. La gran mayoría de las herejías que han existido, desde el arrianismo hasta el mismo Islam, provienen del escándalo ante la idea de que Dios pueda haberse hecho hombre de verdad.
El Anima Christi, en cambio, no se limita a aceptar intelectualmente la naturaleza verdaderamente humana y verdaderamente divina de Cristo, como tantas veces hacemos nosotros, sino que se detiene a contemplarla, se recrea en ella, disfruta de ella y la convierte en alimento para la vida espiritual. La humanidad de Cristo, con su cuerpo, su sangre y su alma, es nuestra Salvación. Su Pasión nos conforta, porque si con Él sufrimos, reinaremos con Él. Innumerables místicos nos recuerdan que nuestro refugio está en las llagas de Cristo, sus heridas nos han curado.
Es una oración muy apropiada para después de comulgar o para rezarla ante el Santísimo, ya que tiene una fuerte dimensión eucarística. El Cuerpo y la Sangre de Cristo nos salvaron y nos siguen salvando, recibidos auténticamente de forma sacramental. Como decía San Juan Crisóstomo, igual que sucedió en la salida de Egipto, el ángel exterminador ve la Sangre del Cordero en la boca de los cristianos y pasa de largo sin tocarlos.
El final de la oración es especialmente conmovedor. Quien la reza se muestra como un niño ante Cristo, consciente de que sin Él no puede nada. Nuestra esperanza como cristianos es que Él, en la hora de nuestra muerte, nos llame y nos mande acercarnos, para que podamos alabarlo y bendecirlo por siempre.
Alma de Cristo santifícame.http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=9ibo0z5Vzmo
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, buen Jesús, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén
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