miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL ADVIENTO ES TIEMPO DE... VIGILAR

El Adviento es tiempo de...


 Ha llegado el tiempo de Adviento y la Iglesia se pone en marcha para acoger la LUZ que llega. No te duermas, es tiempo de despertarse y vigilar porque está muy cerca, es tiempo de cambiar, de convertirse, de estar alegres en la esperanza y de disponerse a acoger como María. Cada domingo recibimos una LUZ para la semana y, como las agujas del reloj, avanzaremos hacia la Navidad, para encontrarnos con un niño que cambiará nuestra historia y nuestro tiempo. Hay un antes y un después de Cristo en la historia, que haya también en nuestra vida un antes y un después de Cristo. Ajustemos nuestra alma, sincronicemos el reloj de nuestra vida con el pálpito del Dios de la VIDA.



Ya hemos celebrado el 1er Domingo de Adviento: Tiempo de Vigilar.
 Evangelio según San Marcos (13, 33-37) Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!» 
El Señor nos dice que viene a nuestro encuentro, que viene para quedarse con nosotros.
Esto nos anima a tomar varias actitudes: 
1. Esperar alegres su visita. 
2. Estar vigilantes, en vela, despiertos. 
3. Preparar nuestra casa, nuestra alma, para acoger al que llega. 
Nos subimos a nuestra atalaya para fijar la vista en los caminos, porque sabemos que Él viene a nosotros, sabemos que la Luz está por llegar a nuestra vida. El tiempo de adviento es un tiempo para ofrecer todos nuestros sentidos en la búsqueda de Jesús. De estar alerta como cuando esperamos una visita de alguien muy importante. Pero no sabemos la hora ni el día. Por eso, no podemos dormirnos. Se nos pide una vigilancia activa. No desfallecer en el intento, y buscar a Dios a pesar de nuestra limitación y cansancio. Como cualquier visita que llega a nuestra casa, tenemos que tomar la actitud de sanear y embellecer nuestro corazón, preparar la cuna a un recién nacido, ordenar nuestros pensamientos para que todo esté listo para su llegada.   
Es un tiempo excepcional para intensificar la oración y recibir el sacramento de la reconciliación. Así que encendemos nuestra lámpara y caminamos con gozo por los senderos del Adviento. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario