Oh María, oh dulcísima, oh dueña mía,
vengo a entregarte lo poco que poseo yo, pues sólo tuyo/a soy,
para que lo pongas en oblación ante el trono de Nuestro Señor.
Te doy mi voluntad para que no exista nada más
y sea siempre la voluntad del Padre celestial.
Querida Madre, quiero conocerte y amarte cada día más
y honrarte en este mes dedicado a tí.
Bendíceme con tu cariño y ternura maternal,
mírame con compasión, no me dejes Madre mía.
Madre de la Divina Gracia, ruega
por todos tus hijos e hijas de Cursillos de Cristiandad de todo el mundo.
Amén.
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