martes, 25 de septiembre de 2012

PERTENECEMOS A LA FAMILIA DE DIOS



El texto del Evangelio de hoy siempre ha sido complicado para los exégetas y los predicadores. ¿Cómo conciliar el amor a la Virgen María, madre de Jesús, con estas palabras de Jesús? Siempre se ha hablado de la maravillosa relación entre Jesús y su madre. No tanto de los hermanos, que quedan en un segundo plano. Sin hablar de la necesidad de explicar que esos hermanos de Jesús no son tales sino que en la época se llamaba así a los que hoy llamamos primos.
El hecho es que las palabras de Jesús cuando le avisan de que tiene visita de su familia no parecen excesivamente amigables. No da la impresión de estar muy interesado en cuidar sus relaciones familiares.
Lo que sí da la impresión es que Jesús está centrado en una nueva realidad: el Reino. El Reino no sólo es un mensaje sobre Dios. El Reino implica también una nueva forma de relacionarse entre las personas, radical y totalmente nueva. Como dice el mismo Jesús en otro momento, nadie usa odres viejos para el vino nuevo. Y el Reino es algo tan nuevo que los odres viejos no sirven. Las antiguas formas de relacionarse, la misma familia, ya no sirve. Ahora lo de ser padres y hermanos no viene determinado por la sangre sino por la capacidad de escuchar la Palabra y llevarla a la vida. Es decir, por comprometerse totalmente en la construcción aquí y ahora del Reino.
Quizá no sea éste el momento de intentar comprender las relaciones de Jesús con su familia. Es un aspecto que los mismos Evangelios dejan relativamente en la oscuridad. Donde los Evangelios se centran es en el mensaje del Reino. Ahí ponen todo el acento. Jesús es el mensajero del Reino, el que anuncia a Dios, que irrumpe en nuestra historia, abriéndonos un futuro de vida y esperanza. Es una novedad absoluta. La historia del mundo se divide en un antes y un después. Así lo deben entender todos. También sus familiares más cercanos. También nosotros. En Jesús hay un lazo familiar que es el más fuerte posible: pertenecemos a la familia de Dios y entre nosotros reina la más absoluta y total fraternidad sin que nadie quede excluido. En el Reino queremos que eso se haga real en la vida de cada día.

Comentarios realizados por: José Valiente Lendrino (Viceconsiliario Nacional de Cursillos en España)
http://www.cursillosdecristiandad.es/

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