Lo que comienza siendo una curiosidad, una atracción y un juego, puede convertirse después en apego, aferramiento, costumbre, manía y obsesión. Dios no quiere eso para los que son de Cristo. El uso inadecuado de la libertad puede alterar el orden normal y sano de las cosas. Y a grandes males, grandes remedios. El primero de ellos es seguir lo que dice Cristo y cumplirlo, por aquello de: “pero yo os digo…”. Lo demás sería necedad, terquedad. Las consecuencias las provoco yo. Dios no quiere eso para mí.
Comentarios realizados por: José Valiente Lendrino (Viceconsiliario Nacional de Cursillos en España)
http://www.cursillosdecristiandad.es/
No hay comentarios:
Publicar un comentario