QUE TU COMPASIÓN NOS ALCANCE PRONTO
Jesús, como imagen perfecta de su Padre, tiene su Corazón lleno de misericordia. Él se compadece de las multitudes que están como ovejas sin pastor y sin alguien que las libere de sus esclavitudes. Jesús es el que se preocupa por el niño mudo, al que un espíritu retuerce y tira por tierra echando espumarajos y rechinando los dientes (Mc 9,17), y lo cura. En Jesús la compasión de Dios se ha hecho carne y ha tocado salvadoramente nuestra miseria humana.
Tenemos experiencia de la compasión misericordiosa de Cristo, que se apiada sin cesar de los hombres. Su sabiduría es "compasiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras" (St 3,17). Nosotros, como hijos de nuestro Padre del cielo, también hemos de vivir y ejercitar la compasión que viene de arriba: "Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo, no condenéis y no seréis condenados... perdonad y seréis perdonados" (Lc 6,37). El que tiene compasión no juzga con dureza, no condena, perdona, se entrega y da al necesitado, como Dios hace con nosotros. Cuanta más compasión tengamos para con nuestros hermanos y nuestro mundo, más compasión de Dios llegará hasta nosotros: "La medida que uséis, la usarán con vosotros" (Lc 6,38).
María, Madre de Jesús, por la compasión de tu Corazón, apiádate de tus hijos los hombres y llénanos de tu piedad para con los afligidos y necesitados.
"Mi Corazón de Madre está abierto a la compasión con todos los hombres, mis hijos. Yo me aflijo por sus pecados y por sus males e intercedo por la salvación de todos para que no se cierren a la gracia de mi Hijo. Yo consolaré a todos los que se dejen sanar y consolar. Volved a Dios vuestros corazones y alcanzaréis su amor y su misericordia".
EL PAN DE LA PALABRA DANÓSLE HOY
CICLO B Pág. 75 (Ceferino Santos S.J.)
CICLO B Pág. 75 (Ceferino Santos S.J.)
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