NO HAY OTRO DIOS MÁS QUE TÚ
Al lado de la lepra, enfermedad cutánea y corporal, existe la lepra interna del pecado, que mancha y deforma a nuestra alma. El profeta Eliseo le mandó a Naamán que se lavase siete veces en las aguas del Jordán para quedar sano (2 R 5,12). La Iglesia nos pide bañarnos en las aguas limpias de los siete sacramentos para ser purificados. Por el bautismo, que es el baño de la regeneración, renacemos del agua y del Espíritu (Jn 3,5) como hijos adoptivos de Dios. En la Reconciliación somos lavados y purificados de nuestros pecados posteriores al bautismo. La Eucaristía lava nuestros pecados veniales y nos preserva de futuros pecados. La Unción de los enfermos sana con frecuencia los cuerpos enfermos y siempre purifica nuestras almas. Todos los sacramentos son fuentes de vida eterna.
¿Por qué, pues, nos resistimos a los caminos de salvación que Dios nos ofrece y queremos nosotros marcarla nuestros caminos y nuestros métodos? ¿Por qué le ponemos a Dios condiciones y exigencias, que pueden ser caprichos nuestros y no voluntad de Dios? "Haz en nosotros los milagros, que hiciste en Cafarnaún" (Lc 4,23). Cuando rechazamos a Cristo, perdemos sus bendiciones y su salvación: "lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco para despeñarlo" (Lc 4,29), nos cuenta el evangelio de Nazaret.
Señor: no hay otro Dios más que Tú. Nosotros Te aceptamos como único Señor y Salvador, vida y salvación nuestra. Queremos obedecerte y nos sometemos a tus condiciones, mandatos y deseos, pues sólo Tú tienes palabras de vida eterna.
"Yo os haré hijos míos para que viváis en la fe y en el amor. Mi amor y mi verdad os harán libres de la lepra del pecado y llenos de la gracia y de la vida de mi Espíritu. Os amo a todos, hijos míos. Creed en mi amor, cuando os encontréis rodeados de dificultades y de pruebas. Mi Amor nunca se agotará".
EL PAN DE LA PALABRA DANÓSLE HOY CICLO B
Pág. 83 (Ceferino Santos S.J.)
Pág. 83 (Ceferino Santos S.J.)
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