domingo, 25 de diciembre de 2011

MENSAJE DE NAVIDAD Y BENDICIÓN URBI ET ORBI



“¡Feliz Navidad! Que la paz de Cristo reine en nuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos”. Este fue el saludo que por Navidad y en español hizo hoy a mediodía el Papa Benedicto XVI desde el balcón principal de la basílica de San Pedro.

El Pontífice ofreció su mensaje de Navidad y la bendición “Urbi et Orbi” (“a la Ciudad y al Mundo”) y felicitó al mundo entero en 65 idiomas, desde el chino hasta el guaraní, pasando por el arameo, hebreo, árabe y esperanto.

En una emotiva oración a Jesús recién nacido, el Papa exclamó “Cristo nos ha nacido. Gloria a Dios en el cielo y paz a los hombres que él ama”.
Pidió a los presentes dirigirse al “niño de Belén” y pedirle, dando voz de los que no tienen voz, que salve a todos los seres humanos, especialmente a quienes padecen situaciones difíciles.
El Papa pidió al “príncipe de la Paz” que "socorra a la humanidad afligida por tantos conflictos que todavía hoy ensangrientan el planeta. Que haga cesar la violencia en Siria, donde ya se ha derramado tanta sangre” e invocó la plena reconciliación y la estabilidad en Irak y Afganistán”, así como “el diálogo y la colaboración en Myanmar, en la búsqueda de soluciones compartidas”.

El mensaje y la bendicón cobraron especial relevancia tras la noticia de los sangrientos atentados contra los fieles que celebraban Navidad en dos iglesias en Nigeria. El Papa no mencionó en su intervención los atentados.

Sin embargo, el centro del mensaje papal fue una invitación a poner en primer plano los elementos espirituales de la celebración navideña. Comentando el nombre de “Jesús”, que significa “Salvador”, el Papa afirmó que vino “para salvarnos sobre todo del mal profundo arraigado en el hombre y la historia: ese mal de la separación de Dios, del orgullo presuntuoso de actuar por sí solo, del ocupar su puesto, del decidir lo que es bueno y es malo, del ser el dueño de la vida y de la muerte”.

Este es el gran mal, el gran pecado, del cual nosotros los hombres no podemos salvarnos si no es encomendándonos a la ayuda de Dios, si no es implorándole: ven a salvarnos”, dijo.

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